Matar a un profesor*: la Sinautoría y su implicación en la educación contemporánea

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Entramos por la puerta y nos sentamos. Dependiendo de muchas cosas, nos sentamos delante o nos sentamos atrás. Buscamos refugio o nos sentamos solos. Pero nos sentamos. Y buscamos con la mirada al profesor. Una figura que nos dobla la edad, de la que sabemos su nombre porque lo hemos visto en la lista y de la que hemos leído varios comentarios en Facebook. Una persona que NO hemos elegido. Nos toca porque alguien lo puso allí, en el plan de estudios. Y esperamos, y esperamos. Y esperamos. Pasan ya quince minutos de las nueve de la mañana. A la media hora, cuando estamos ya todos cansados y un poco nerviosos ante lo inesperado, aparece un bedel y nos dice:

– “Vuestro profesor ha muerto, ahora tenéis que ocuparos de vuestro propio proceso de aprendizaje” –

Cine sin autor (http://www.cinesinautor.es) fue invitado a participar en la quinta sesión de la Escuela de Educación Disruptiva 2016, denominada “Del libro de texto a Youtube: el lenguaje audiovisual como herramienta de trabajo en el aula”, cuyo objetivo consistió en abordar la contradicción de que el lenguaje escrito y oral continúen siendo los principales sistemas de comunicación en los contextos educativos, cuando en la realidad social el lenguaje visual es el que manda.

Cine sin autor  es un colectivo que desarrolla una teoría cultural que alienta una práctica artística (la cual lleva concretizando en procesos cinematográficos desde hace casi una década) que, acompañada de una permanente revisión crítica, configura un nuevo modelo de producción social de cine. En este modelo de producción, el concepto que sostiene todo es la Sinautoría (que se materializa a través del suicidio autoral), donde la idea central de “Autor” (individuo generalmente masculino, blanco, heterosexual y de clase alta) deja paso a un proceso de creación de colectividades productoras (sin centro, sin ego, sin dominación) mediante un proceso de creación horizontal en el que las decisiones se toman asambleariamente, en una progresiva colectivización de la obra y el proceso productivo.

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Gerardo Tudurí nos explicó cómo la idea de la Sinautoría ha sido posible en el cine, dadas las condiciones de desarrollo tecnológico-sociales, que han permitido la democratización masiva de los dispositivos de producción, de manera que cualquiera de nosotros puede hacer un film con su teléfono móvil. La grabación audiovisual hoy en día se ha descomplejizado tanto que se hace automáticamente, mientras que la postproducción y la distribución las organizamos desde Youtube, impregnando todo el proceso de la noción de inmediatez. Vivimos, pues, una situación inédita, en la que la sociedad produce ella misma y la figura del experto se ha visto drásticamente modificada, por lo que es pertinente que nos preguntemos si no resulta ridículo seguir operando de la misma manera.

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Pero la Sinautoría no implica lo participativo y lo colaborativo de por sí, sino que se convierte en una pregunta constante sobre la organización del poder para producir. La colectividad productiva se organiza de una manera democrática para decidir y producir, pero la pregunta sinautoral siempre vuelve, una vez acabada la producción que se ha decidido: ¿es esta la mejor organización, la más justa y eficaz, que podemos darnos para la siguiente etapa de producción? En esta constante RE-organización está la clave de la descentralización y de la democracia. Por lo tanto, podemos decir que en lo que realmente ahonda Cine sin autor no es en los procesos cinematográficos, sino en los procesos de articulación del poder y en cómo llevar a cabo la democracia a través de los procesos de producción cultural que se han aplicado hasta ahora en el cine.

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Recogiendo la idea de la Sinautoría y desplazándola a la educación, Cine sin autor propuso aquel día conformar una Pedagogía del vacío, una pedagogía donde el vértigo sea la antesala del aprendizaje, no del profesor ni de los estudiantes, sino de la comunidad que establece que “estudiantes somos todos”. Una pedagogía que se sustenta en dos metáforas: la imagen de la Muerte del profesor y la imagen del Profesor suicida, profundamente conectadas con la rEDUvolution y el cambio de paradigma en educación.

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Ambas metáforas, y en líneas generales las propuestas de Cine sin autor, quiero entenderlas como una metodología para catalizar el cambio de paradigma en educación. Quiero entender “nuestra muerte” como el gesto que detona la emancipación intelectual mediante el ejercicio de la democracia real en el aula y como lugar desde donde partir y abordar la emancipación por la vía de la producción. Una metodología que entiende las escuelas como espacios de producción, y el conocimiento que generan las comunidades de aprendizaje formadas por estudiantes y profesores, como producciones culturales. Una metodología que, al desprenderse del concepto de Autoría tradicional, multiplica la idea de producción y la posiciona en todos los miembros de la colectividad que la ejerce, ya sea haciendo una película, escribiendo un texto o “estando en clase”.

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Como profesores disruptivos, innovadores o como queramos llamarnos, debemos suicidarnos o dejar que alguien nos mate. Debemos callarnos a nosotros mismos, evidenciar de forma explícita la renuncia a los privilegios de mando. Debemos organizar turnos incómodos de sostenimiento del poder y aceptar puntos de vista que no son los nuestros. Debemos rechazarnos como autores porque la construcción del conocimiento en el aula es siempre un proceso colectivo. Debemos repensar que vivimos en un mundo que aborta los intentos de producción del 99% de la población; quizá sean los contextos educativos los únicos lugares que nos quedan para trabajar los “poderes rotantes”, la generación de conocimiento rizomático, los turnos y la aceptación de lo que no nos gusta. Y es ahí donde cobra sentido la Sinautoría y el Profesor suicida, ese profesor que nunca llegó a clase, y fue entonces cuando los estudiantes lograron, por fin, aprender algo.

* El título de este post es un apropiacionismo del título de la película «Matar a un ruiseñor» de Robert Mulligan basada en la novela homónima de Harper Lee. Ha de entenderse como una metáfora sobre la posibilidad de la aplicación práctica de la Sinautoría en el aula.

Foto de familia

5 Comments

  • Maria Teresa dice:

    ¡Genial!. Me parece brillante tu idea. Soy maestra y llevo 30 años en educación con ciclos formativos de formación profesional (alumnos jóvenes) y creo que es fundamental en educación que los profesores vayamos perdiendo protagonismo para que sean los propios alumnos los que aprendan a hacer haciendo. Hay ideas muy novedosas pero seguimos estancados con los mismos métodos, los mismos espacios, la misma estructura rígida de los pupitres…; es de las profesiones que menos han evolucionado a lo largo del tiempo .
    Un saludo y ánimo para que sigas adelante con tu «revolución»

  • María me parece un titular absolutamente desacertado. Ni en broma ni como recurso literario mencionaría yo esta idea que trístemente ya han tenido algunos estudiantes (( conocemos muchos tristes casos )). Respecto al contenido…me parece muy interesante para usar como ejemplo de «docencia surrealista».

    • Santy dice:

      Ángeles, creo que por suerte la cultura hegemónica posfranquista se está debilitando gracias al pulso que los movimientos sociales están logrando generar y vertebrar en los espacios sociales, públicos y abiertos. Solo una mente enferma no puede comprender el valor sustantivo de las metáforas, de los posibles escenarios que pueden darse y no se dan. Yo soy monitor y coordinador de ocio y tiempo libre y a veces practico con menores una dinámica que se llama «Representar tu propia muerte», que consiste en, dado un lugar y un objeto, recrear una circunstancia a modo de mimo, basada en la comunicación no verbal. Y no pasa nada, de verdad.

  • La idea esta bien, pero de la cita para abajo empecé a perder interés. Los alumnos, o almenos la gran mayoría, ya desde sus comienzos aprenden cosas solos y estoy seguro de que muchos estudiantes continuan su camino escolar por el simple hecho de que esta enraizado en nuestra sociedad para ser obreros en potencia y acabar ofreciendo apoyo a la polis. Lo que quiero decir, muy pocos abandonan lo que pueda ser una pérdida de tiempo para centrarse en lo que son buenos o lo que verdaderamente les gusta por miedo a no llegar a ser alguien en la sociedad por falta de titulos. El día en que los profesores se molesten en ver a sus alumnos como algo más que estudiantes, descubriran tesoros ocultos y solo así es como podrán empezar a labrar la tierra de estas jovenes mentes y así es como podrán formar futuros genios.

  • Juli Ro dice:

    Cuestionar el paradigma educativo actual, que se basa en una metodología tradicional, politizada, cerrada y lineal. Existen experiencias educativas muy fructíferas con un porcentaje de éxito muy superior al que se tiene en nuestro país, ejemplo de ello es Finlandia, donde la democratización de las aulas es su seña de identidad.
    Actualmente el sistema educativo español se rige por unas normas y protocolos que se han de seguir y cumplir, donde el docente asume el rol del mando del aula y cuya enseñanza no tiene en cuenta las peculiaridades y particularidades de cada alumno, sólo se da por válida una metodología y es la que hay que seguir.
    Nuestro sistema educacional se nutre de la corriente filosófica iluminista donde, la Razón a través del hombre triunfa frente a la irracionalidad (una Razón instrumental para dominar la naturaleza de los hombres), pero según el filósofo Walter Benjamin la Razón es impuesta por el hombre, es decir (la verdad histórica es contada por los vencedores), por tanto, en la actualidad, quien tiene el poder, tiene la verdad para propugnar el paradigma educativo, aunque éste fracase o no consiga las expectativas deseadas.
    En la actualidad el sistema educativo no tiene en cuenta las nuevas tecnologías que están a nuestro alcance, no tiene en cuenta que la Imagen facilita la comprensión y por tanto el aprendizaje. Vivimos con el fenómeno digital (Ordenadores, móviles, tablets ,..), y nos comunicamos a través de éstos mediante las redes sociales , el lenguaje visual es absorbido con mayor rapidez y fluidez que el escrito y el oral.
    Un ejemplo bien explicado que cuestiona el sistema educativo actual lo encontramos en la película «Verbo», del director Eduardo Chapero – Jackson, la película es un guiño al arte urbano, música urbana (hip hop), al cómic, nos cuenta entre otras cosas la falta de motivación de los alumnos y su absentismo escolar. Al final de la película la protagonista se ofrece voluntaria para leer un pasaje del Quijote, pero lo reinterpreta con poesía, lo mismo hace cuando cuestiona al docente: _ No se limite a cumplir el expediente…..el fracaso no es mío, no soy yo quien ha provocado éste vacío.
    Por lo tanto es necesario cambiar el paradigma educativo democratizando las aulas, donde el docente sea un guía y una especie de entrenador teniendo en cuenta las particularidades de cada alumno, no seguir y cumplir sólo el expediente sino motivar e incentivar al alumno para conseguir que el sistema educativo tenga una enseñanza con un aprendizaje real.

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