Desplazar al objeto: la importancia de pasar de los instrumentos a la cultura del aprendizaje en el contexto del arte + educación

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Desde el 31 de octubre de este año que acaba, en Matadero Madrid está teniendo lugar una experiencia singular. Una experiencia a la que hemos llamado Ni arte ni educación  niartenieducacion.com y que ha sido comisariada por GED (Grupo de Educación Disruptiva de Matadero Madrid) y coordinada por Pedagogías Invisibles. Faltan ya pocos días para que termine (concretamente, el 10 de enero) y vamos a necesitar muchos meses para digerirla y analizarla.

Dentro del contexto de Ni arte ni educación hemos intentado, entre otras cosas, abandonar la importancia del objeto como centro de los procesos de la educación artística y desplazarlo fuera de la acción,un problema recurrente no solo en las exposiciones, sino también, y fundamentalmente, en el ejercicio cotidiano de la enseñanza de las artes visuales en los contextos educativos de cualquier tipo. En muchos de ellos, ya hablemos de museos, de escuelas o de la propia universidad, la educación artística se encuentra muy vinculada a la realidad de los instrumentos, de las cosas, a la idea de que el ADN de nuestra disciplina se despliega básicamente en producir objetos, supuestamente bellos, en probablemente menos de cuarenta y cinco minutos.

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Cerremos los ojos y construyamos una ficción en la que se despliegue el imaginario social de la educación artística: un atelier de técnicas múltiples donde construir esos “objetos” que, una vez terminada la “clase”, llevaremos a nuestra casa: un ratón creado a través de un envase reciclado de yogur, un cenicero (???) realizado en barro para el día del Padre, un collar de macarrones, un mural…

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La educación artística dentro de este paradigma solo se entiende a sí misma como un servicio, como un producto para agradar estéticamente a ese destinatario del cenicero, del collar, del mural. Una educación artística donde la técnica es el vehículo desde donde se construye un armazón formal vacío de significado, una educación artística que cumple firmemente su objetivo: silenciar las artes visuales como una estrategia de conocimiento.

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Pero lo que pretendemos desde Ni arte ni educación es reformular este paradigma, poner sobre la mesa la realidad de que la sociedad liberal neocapitalista en la que vivimos necesita otra educación artística porque necesita, precisamente, ser desestructurada. Por esta razón, una educación artística conectada con la realidad social asume el fracaso del proyecto modernista y puede ser entendida desde tres ideas base.

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1. Pasar de los objetos bonitos a los proyectos incómodos

En el momento actual, quizá la premisa más importante sea la de transformar los objetos en proyectos; en proyectos que tal vez contengan objetos, pero construidos en diferentes fases, incidiendo en la idea de proceso que subyace en la producción de cualquier relato; un proceso que, salvo en casos milagrosos, no se completa en cuarenta y cinco minutos, sino en mucho más tiempo. Necesitamos proyectos largos que deriven en procesos profundos y complejos desde donde abandonar la idea de servicio, desde donde repensar la estética y, quizá, abordar el arte contemporáneo.

Necesitamos los proyectos para reflexionar sobre la visualidad. Descubrir que construir una imagen es un proceso sumamente complejo en el que se suceden miles de capas de significado. La trampa más efectiva de la educación artística tradicional es la de transmitir la idea de que las imágenes sí que pueden completarse en muy poco tiempo, siendo este el aprendizaje que nos conduce a muchos de nosotros a cuestionar la profesionalidad de muchos artistas y la credibilidad de muchas obras.

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2. Utilizar la técnica al servicio del conocimiento

Si analizamos los procesos de trabajo de los artistas visuales, vemos que en muchos casos la técnica deviene en un requisito secundario a la idea, siendo esta, precisamente, el comienzo de la acción. Pero si analizamos los procesos de trabajo en la educación artística, muchas veces ocurre justo al revés: es la técnica la que vertebra la acción, de manera que el recurso que se convierte en el comienzo y en el fin de la actividad es un acercamiento (imposible) al dominio de un procedimiento concreto.

Hemos de partir de la base de que quizá esta transferencia deba invertirse; de que si la técnica asume un papel secundario en las artes visuales contemporáneas (incluida la realidad de que, en muchas ocasiones, la realización técnica de determinadas piezas es directamente contratada por los artistas a profesionales ajenos), en la educación artística que queremos crear también debe ser secundario el papel de la técnica y, siendo muy valientes, sería pertinente diseñar actividades sin materiales físicos o actividades desde donde resignificar los materiales tradicionales para renovar no solo los procesos de construcción, sino también los resultados de dichos procesos.

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3. Teorías refutables y experiencias i-replicables

Como dijo Mónica Hoff en “Antes que se vuelva pedagogía” (http://www.niartenieducacion.com/project/antes-que-se-vuelva-pedagogia-ni-arte-ni-curaduria-ni-educacion/): “Hoy estamos aquí para crear teorías refutables y pedagogías sin importancia”. Y es que otra de las cuestiones importantes de este proceso de cambio que hay que poner encima de la mesa es la irreplicabilidad de los procesos de arte + educación. La idea de desplazar al objeto conecta con la propuesta de abandonar la réplica desde la simplicidad. En esta otra educación artística que debemos crear no es posible copiar ninguna de las experiencias que los arteducadores diseñan e implementan, sino que tendremos que entenderlas como fuentes de inspiración para crear otros proyectos; así podremos abordar las formas simples de manera compleja, en vez de abordar las formas complejas de manera simple.

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Como le acabo de escuchar decir a Antonio Lafuente en México: “Hay que pasar de dar valor a los instrumentos de aprendizaje a dar valor a la cultura del aprendizaje”. Quizá sea este el cambio que englobe a los demás: dejar de entender la educación artística como la construcción de una sucesión de instrumentos para entenderla como una cultura de aprendizaje en sí misma, como una metodología de trabajo desde la que construir cualquier tipo de conocimiento, tal como explica Luis Camnitzer a través de la visibilización del concepto Art Thinking (http://supercommunity.e-flux.com/texts/thinking-about-art-thinking/).

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Esta propuesta es clave en nuestra parcela, pero también es clave en todas las parcelas educativas. Y precisamente es clave para deshacer las parcelas, porque entender las artes visuales no como una asignatura aislada, sino como una metodología de creación de conocimiento para cualquier asignatura, es uno de los grandes retos que tenemos que ejecutar para abordar el cambio de paradigma en educación.

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*Las fotos de este post pertencen a la sesión «Ni arte, ni curaduría ni educación» impartida por Mónica Hoff en el contexto de «Ni arte ni educación» y han sido realizadas por Jorge Mirón www.jorgemiron.net

3 Comments

  • Apreciada María, me parecería genial que todos l@s docentes tuvieran una adecuada formación en artes visuales para que pudieran usarla como metodología de creación de conocimiento para cualquier asignatura pero… sin una formación ESPECÍFICA en artes visuales dudo que la consigan. En España, asistimos a la desaparición progresiva de la Educación artística en la Enseñanza reglada (Infantil, Primaria y Secundaria) y eso NO ayuda.
    Un cordial saludo

  • Helena dice:

    Me gusta mucho este artículo y me alegro de comprobar que al necesidad de movimiento en relación a la pedagogía del arte es compartido por muchas personas, artistas, docentes, no artistas, no docentes…
    El problema del objeto (del que se habla en el artículo), en mi opinión tiene más que ver con considerar la creación artística como una «manualidad», tanto por los docentes como por los padres y en consecuencia también por los discentes. Esto no solo afecta a los macarrones de infantil y primaria, sino también a los objetos construidos en el contexto de La Academia (del arte): muchos de los derivados de las enseñanzas académicas, y muchas posiciones artísticas profesionalmente maduras, se parecen (-cuando no son una réplica) a las manualidades y a los proyectos de organización de macarrones, tratando al mismo tiempo de presentarse como todo lo contrario. Es decir: quítate tú, macarrón, que me pongo yo, spaguetti.
    Sí, el objeto artístico es otra cosa. Es el testigo de un ensayo; la coagulación de un momento de un proceso; el vehículo de una operación… Pero es imprescindible. El objeto es imprescindible porque el trabajo del arte es un trabajo en la forma y porque los procesos originarios de la creación artística arrancan en la necesidad de la construcción simbólica, trabajo que necesita de soportes formales (objetos, imágenes)
    La creación artística no puede prescindir de los objetos, incluso si estos son macarrones , que «bien entedidos», quizá no estén tan mal. Soy partidaria de combatir estos tópicos de lo meramente manual, bonito y complaciente, pero creo que hay que ir con cuidado a la hora de deshacernos de los lugares comunes, porque puede que confundamos asuntos inherentes a las raíces de la creación artística con prejuicios.
    La creación artística tampoco es visualidad, está claro. Es una experiencia compleja (en el artículo se describe, en mi opinión, muy bien cuando se habla de una multiplicidad de capas de significado…) en la que operan congnición, percepción, subjetividad… Cada función con sus miriadas de funciones y sus relaciones entre ellas. Sí: en la potencialidad para la creación artística lo que subyace es efectivamente todo el «diseño» de la complejidad humana, desde sus rincones mas particulares, hasta sus plazas más sociales. Y algo que creo que no debemos de situar fuera de foco: todo esto es una forma adaptativa para la vida, no para la cultura, aunque los efectos y productos de estos procesos sean precisamente la materia prima de los argumentos culturales (distintos en cada época,en cada siglo, en cada año, en cada sociedad…). Esto significa que la creación artística – muchos procesos del pensamiento – es paradójica, es decir se sitúa fuera de la la doxa: para -doxa. Y es la doxa la que organiza sus productos en su argumentario del momento.
    Siento un estremecimiento cuando oigo hablar de «creatividad» y empresa. Igualmente siento un estremecimiento cuando oigo hablar de «arte y conocimiento». Si cuando hablamos de conocimiento nos referimos a: un saber subjetivo; a la capacidad crítica; a los procesos de exploración personales de nuestras formas ideosicrásicas de adquisición de saberes; a la promoción de la autopoiésis como lugar común para abordar la experiencia del mundo.. Si nos referimos a esto, al conocimiento como conciencia, como aprenhensión de nuestra de nuestra autoría sobre este pacto común llamado «realidad», estoy plena y jubilosamente de acuerdo. Pero si nos referimos al «conocimiento», al síntoma contemporáneo que consiste en consumir Discurso como si no hubiera otra cosa, entonces creo que no estaremos haciendo nada bueno.
    En mi opinión la función de servicio o servidumbre de la creación artística en estos momentos se manifiesta más en su relación con los lugares sociales de dominación, y en su relación con las estrategias culturales de dominación, que en la pedagogía del macarrón en infantil y primaria (que también). Me gusta mucho la palabra «servicio» (aunque venga de «siervo-a»). Somos esclavos del sufrimiento, de la enfermedad, de la injusticia…Se puede servir no a un amo sino a un igual, y la servidumbre entre iguales ya cambia de nombre para llamarse: colaboración, cooperación, ayuda, atención… Es el ámbito de los cuidados, yo diría CUIDADOS, con mayúscula. Hay servidumbres que nos honran y nos prestigian como artistas y como pedagogas del arte: los lugares de los cuidados como oportunidad para la profundización en el alma humana para una arqueología del alma humana. El arte en el lugar social de los cuidados (cuidar, cultivar,defender, proteger,velar, mirar… y la educación ha de ser tomada así: como un cuidado) significa una relación sociopolítica distinta para el arte.

    https://garabataz.wordpress.com/2014/11/15/arte-en-todos-los-lugares-del-planeta-social/

    https://garabataz.wordpress.com/2015/05/05/el-arte-en-el-lugar-social-de-los-cuidados/

  • Margarita Romero dice:

    El abordaje que haces del objeto como lo principal en la educación artísitca, en este artículo me parece genial. Pero coincido con Angeles Saura, la formación del mediador, profesor o facilitador frente a grupo es crucial. Sin la preparación necesaria sería muy difícil que se llegara a las posibilidades semióticas y de desplazamiento transdisciplinario que nos platicas (y que son de lo más certero). Pero no solo en España, aquí en México ocurre lo mismo, la educación artística nunca ha dejado de ser vista por encima del hombro y cuando mejor le va, ha sido solo un aderezado en la educación pública, un taller de manualidades para los días festivos. Y no una posibilidad de acercamiento del individuo a su entorno y su traducción al conocimiento. Aun en las mejores escuela privadas, ocurre lo mismo, el virtuosismo académico prima sobre cualquier otra visión que se tenga sobre el arte o la educación artística.
    Cuando la educación artística y todos sus nexos con la cultura visual, tomase el lugar que le corresponde en la educación actual, se podría hablar de una alfabetización holística del alumno, pero eso está muy difícil en estos contextos.

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